Hace un par de años abandone mi país y mi ciudad. Soy ahora un inmigrante mas, vivo lejos (no les cuento en donde porque no se trata de eso esta historia) de mi casa por 20 años, en el barrio Roma del sector de Kennedy en Bogota.
Tenia una dirección larguisimima, tan larga q parecía q estuviera en el fin del mundo, cuando era niño tenia correspondencia con una niña de Japón, (pen pals les decían los gringos que fueron al colegio a promover el programa), la dirección de ella cabía en 2 renglones! La mía casi no cabía en el sobre. Empezaba normal esta dirección, yo vivía en una carrera, pero no la primera , ni la segunda, sino la tercera, la C, la 82C, que se cruzaba con una calle, pero no la primera sino la segunda, la A, la 54ª, a mi dirección para q la encontraran había q especificarle el sur, cr 82c # 54 a 12 sur, y hasta ahí todo bien, pero tome aliento, súmele a eso el numero de la manzana, el del interior, y el del apto, y por supuesto el nombre de la unidad residencial.
Si algo me convenció de q los japoneses son unos berracos fue q mi pen-pal fue capaz de meter las coordenadas de ese lugar y de que los sobres me llegaran, me llegaban enteritos con el sobre remitido desde Japón, y esa dirección enorme en el fin del mundo, allá en nuestro hormiguero, allá en Kennedy.
Kennedy es una ciudad dentro de Bogota, siempre que me acuerdo de ella me acuerdo que estimaban nuestra población en 2 millones, lo que nos hacia mas grandes que Medellín por ejemplo. La localidad 8 no es enorme, pero si densamente poblada, por eso las direcciones son larguisimas, llenas de manzanas interiores y apartamentos, y en los barrios las calles estrechas que empezaban en la 82, y seguían con la 82A y la 82B y la 82C y se comían el alfabeto entero antes de llegar a la 83.
Yo crecí allí, fue mi único barrio durante mi vida en Bogota, mi única casa. Estudie la primaria en Fátima, ese barrio con los bordes de sus andenes pintados en azul y blanco como melcochas de colores, y llegar allá era un paseo que incluía un trasbordo en el asadero “Aquí es”. Así lo hicimos hasta de un día nos atracaron y cambiamos a una ruta que nos dejaba en el centro de Kennedy, al frente de techo. Techo le decían a ese barrio enfrente de Mandalay y de la supermanzana 8, que nombre espectacular ese “supermanzana 8” era impresionante entrar a ese complejo de apartamentos tal vez 10 o 20 veces mas grande que el mío, lleno de gente, lleno de hormiguitas, lleno de gente como uno, sin derroches pero sin hambre, y ocupados todos, en alguna vaina, pero ocupados, cosa que en otras partes de la ciudad no era tan cierta, sin importar nuestra reputación, yo en Kennedy me sentí seguro, y no me atracaron nunca, creo principalmente, porque igual q los demás no tuve tiempo para que me atracaran. Todo el mundo en Kennedy, parece ocupado en algo.
En esa época la primera de mayo era aun un proyecto, como diría martica en citytv, “un tierrero espantoso”. Y cuando llovía un lodazal imposible. Por que dios quiere mucho a mi barrio, en Kennedy no llovía tan frecuentemente como en el norte o el resto de la ciudad, cuando diluviaba unas verdaderas pistas de motocross se abrían en socorro y timiza. Una vez cuando iba a la escuela en un dia soleado, pise lo parecía ser lodo solidificado, tenia el aspecto de una piel de cocodrilo, llena de escamas. Lamentablemente solo la superficie se había secado y se me fue el pie hasta la rodilla en un hueco lleno de lodo. Mi queja con el alcalde quedo pendiente porque mi mama me mando a cambiarme, ella estaba molesta porque iba a llegar tarde al trabajo, yo simplemente no podía creer q un hueco casi me había comido entero. Cada vez que salía desde entonces pisaba con prevención, como caminando sobre arenas movedizas.
Estudie mi bachillerato en el Nicolás Esguerra, el ultimo colegio nacional, el Nicolás en la zona industrial tenia unas bellas instalaciones. A mi en particular me gustaba la rivera con el río Fucha, detrás de la cancha de futbol, por donde se podia uno volar de clase, si se tenia el coraje de saltar encima de las ratas gordas como gatos q se paseaban por ahí. Pasear por la zona industrial era interesante, silencioso, las calles permanecen en general vacías y ese ronroneo lejano de las maquinas le daba un toque sobrecogedor. Ahí aprendi a usar esa palabra, sobrecogedor. Además de vez en cuando se podían encontrar unos sorprendentes ‘chuzos’ donde vendían deliciosas arepas con queso, dos veces más deliciosas porque lejos de las calles comerciales encontrarlas era como ir a cazar un tesoro.
A mi me gustaba caminar por allí, creo q me ayudaba a pensar, y si uno tenia suerte, hasta se podía ver a Pacheco salir de RCN.
Con la llegada de la primera de mayo, el barrio se veía menos perdido en la ciudad. Hablo aquí de Roma como barrio, y Kennedy como ciudad. Era mas fácil llegar, pero todavía estábamos en la fila L, la L de lejos. Estudiando en la Javeriana mis viajes en bus eran de por lo menos una hora, debo a eso mi extenso conocimiento sobre música vallenata. También mi estilo para cruzar avenidas, los carros van en la primera de mayo a 70 x hora y el puente peatonal lo pusieron 10 años después. De las últimas cosas de las que me acuerdo es pararme en ese puente y mirar desde allí mi barrio. Tengo una linda postal mental de ese lugar. También de los andenes, q llegaron mucho mas tarde a reemplazar el tierrero en frente de los talleres de mecánica. Pude darme el gusto de caminar hasta el hospital por esta alameda, recorrido q otras veces hice como los beduinos, tratando de no comer toda esa tierra q levantaban los carros.
Me acuerdo de timiza y de su parque con flamingos, y bueno si habia marihuaneros, pues de esos había en todas partes, pero flamingos no, a veces hay que enfocarse en lo positivo. Me acuerdo de la perubolica enorme que pusimos en el barrio que me enseño acerca de lurigancho y las polladas y los cientos de productos “bamba” y que acompañada de otros cientos de antenas fue la razón primordial del ingreso de los panetones a la navidad colombiana.
Me acuerdo de nuestro primer múltiplex, con 12 salas, y mundo aventura, y todo el sector de la zona rosa del sur, con “”mr caiman” a la cabeza, y de la espaciosa avenida de las americas, y su monumento a la rebeca y la glorieta de banderas, y me acuerdo que era tal vez sigue siendo el único sitio en ciudad donde parecía haber espacio para algo.
Pero si de algo me acuerdo, es de que lento pero seguro, el barrio mejoro, y siguió mejorando, desde cuando vivíamos al final de la avenida corabastos, de la carrera 86, al lado de un tierrero, hasta q llegaron las otras avenidas, y la renovación urbana, y los andenes bonitos, el barrio creció para bien, se le creció la iglesia q antes era un galpón sin paredes, se le crecieron hasta los chuzos de comida, y las pizzerías y de pronto fue porque ese barrio crecio en un perrujal y no se podia echar sino para delante, pero tambien puede ser, que ese barrio tiene destino y tal vez hasta futuro.
Así me acuerdo de mi ciudad. Recuerdos sencillos como la gente con la que crecí, como mi barrio de siempre, como yo.